Cuando aun no teníamos relojes y la vida estaba marcada por los cambios de estación, en estas fechas tenian lugar celebraciones en todas las culturas con motivo del solsticio de invierno. Se celebraba el final de la oscuridad, a partir de él los días se irán alargando y las noches irán siendo más cortas.
En la antigua Roma, lugar y época del nacimiento y posterior expansión del cristianismo, se celebraban las Saturnalias, fiestas en honor a Saturno (la versión romana de Cronos) y dios de la agricultura. Aunque al principio sólo se festejaba durante tres días, acabó siendo una semana de eventos que abarcaban del 17 al 24 de diciembre. Era también denominada "fiesta de los esclavos" porque durante los días que duraban las celebraciones, los papeles de amos y esclavos se invertían.
Cuando la Reina Victoria de Inglaterra ascendió al trono, en 1837, en Gran Bretaña una poderosa corriente se esforzó por dar nueva vida a la celebración y popularizarla, como una época de caridad y solidaridad, reconciliación y amor en la familia, alegre pero ajena a los excesos de las fiestas romanas y medievales. Una pieza fundamental para este propósito fue la publicación en 1843, de Un villancico sin música, de Charles Dickens, el cuento navideño más célebrado y adaptado de todos los tiempos.





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